Los episodios inflacionarios suelen surgir de contextos
socioeconómicos caracterizados por una combinación de gobiernos débiles,
desorden y descontento social, lo que explica, al mismo tiempo, que
sean de corta duración.
La causa última de la hiperinflación (como la de la inflación), se
encuentra bien en un aumento súbito de la cantidad de dinero en
circulación, bien en un aumento de la velocidad del dinero, o una
combinación de ambas.
El aumento de la cantidad de dinero en circulación da lugar al
denominado “modelo monetario de la hiperinflación”, e implica producir
moneda para hacer frente a unos gastos inabordables (muchas veces como
resultado de una política fiscal muy laxa, y otras, debido a
circunstancias extraordinarias), a través de la utilización del sistema
fiscal. La introducción de más cantidad de dinero en circulación supone
una subida de precios para cubrir la caída esperada del valor del
dinero, que a su vez es respondida por la autoridad monetaria con una
impresión de dinero todavía mayor, en una espiral que se retroalimenta.
Por su parte, el aumento de la velocidad del dinero como causa de la
hiperinflación implica la existencia de falta de confianza acerca de la
solvencia de la autoridad emisora de dinero, lo que explica que la gente
opte por gastar a conservar efectivo, que pierde rápidamente su valor.
Existe un alto consenso acerca de cómo se puede atajar la
hiperinflación. La clave está en practicar el ajuste fiscal, esto es,
diseñar una política fiscal basada en la contención presupuestaria que
no recurra a la expansión monetaria y se acompañe de una autoridad
monetaria que resista la monetización del presupuesto gubernamental y
que otorgue credibilidad. Frecuentemente el final de la hiperinflación
significa también introducir una nueva moneda con objeto de restaurar la
confianza perdida.
Fuente: http://www.expansion.com/diccionario-economico/hiperinflacion.html
Fuente: http://www.expansion.com/diccionario-economico/hiperinflacion.html
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